En el resumen ejecutivo del documento, explican que los recientes avances en IA “están abriendo una nueva etapa de transformación para la industria manufacturera. Como tecnología de propósito general, la IA puede contribuir a incrementos de productividad al reconfigurar tareas, procesos, modelos operativos y de negocio” pero advierten que “capturar ese potencial exige revisar cómo operan las fábricas, cómo se despliegan las soluciones y cómo se organiza la interacción entre personas y sistemas inteligentes. En términos prácticos, ello requiere una inversión sostenida en dos frentes: infraestructura tecnológica segura y confiable y talento con capacidades para diseñar, implementar, gestionar y escalar estas soluciones”.
En esta línea, sugieren que “en Argentina, bajo supuestos de adopción amplia, la IA podría elevar la productividad laboral en 1,2 puntos porcentuales por año. En una economía donde la productividad laboral cayó en promedio 1,8% anual en la última década, ese aporte sobre la tendencia esperada equivaldría a recuperar parte sustantiva del terreno perdido en un horizonte más acotado. Para la industria, la automatización y la complementariedad entre personas e IA podrían transformar hasta el 38% del tiempo de trabajo actual, con efectos potenciales sobre eficiencia, calidad, flexibilidad operativa e innovación.
La magnitud de esta transformación también se refleja en la dinámica global de la inversión vinculada a la cadena de valor de la IA (infraestructura energética, semiconductores, centros de datos, desarrollo de modelos y aplicaciones, e integración en sectores productivos). Entre 2023 y 2025, la participación
de la IA en los anuncios de inversión extranjera global se triplicó. En ese período, América Latina recibió alrededor del 4% de los anuncios pese a representar el 7% del PBI mundial, y Argentina captó solo una fracción de esa participación, lo que sugiere una brecha de posicionamiento en la nueva estructura de inversión global.
En términos de adopción empresarial el rezago es aún más evidente, aunque las expectativas son favorables. Solo una de cada tres empresas industriales en Argentina invierte en IA, principalmente en aplicaciones básicas. Al mismo tiempo, ocho de cada diez planean invertir de manera regular en los próximos cinco años. La oportunidad es clara: el desafío es traducir intención en implementación efectiva”.
Así, “acelerar la adopción de IA requiere avanzar sobre tres dimensiones. Primero, fortalecer el entendimiento de su potencial y de los casos de uso aplicables al negocio. Para una industria competitiva es indispensable construir una agenda de transformación con la mirada puesta en el futuro. La fábrica del futuro es inteligente, conectada y adaptativa: integra datos, automatiza decisiones y mejora procesos de manera continua. Para avanzar en esa dirección, las organizaciones deben comprender con claridad qué problemas puede resolver la IA, qué inversiones requiere y cuánto valor puede generar. Esto implica desarrollar capacidades para definir una estrategia, priorizar casos de uso, estimar impactos y dimensionar los requerimientos técnicos y de talento. En la práctica, muchas empresas concentran sus esfuerzos en beneficios inmediatos —como la reducción de costos— mientras que otros impactos estratégicos —como la resiliencia operativa o la mejora en la capacidad de anticipación— quedan subexplorados por falta de información y planificación.
Segundo, fortalecer el núcleo digital. La madurez tecnológica del sector industrial argentino presenta brechas relevantes en sistemas de gestión integrados, estandarización de procesos, almacenamiento y procesamiento de datos en la nube, uso sistemático de datos para la toma de decisiones, políticas formales de gestión de datos, sensorización mediante IoT y adopción de sistemas avanzados de producción. Sólo el 15% de las empresas reporta un uso avanzado y consistente de estos habilitadores. Un 30% muestra avances parciales y el 55% integra tres o menos. Dado que el desempeño de la IA depende directamente de la disponibilidad, calidad y gobernanza de los datos, estas limitaciones inhiben su impacto potencial.
Tercero, desarrollar el talento con un enfoque basado en habilidades. Tres de cada cuatro empresas señalan predisposición de sus equipos a incorporar IA, pero cerca de la mitad enfrenta dificultades para acceder a perfiles especializados; en este contexto, el upskilling y el reskilling —con foco en habilidades complementarias y profundas que integren el conocimiento tecnológico con la expertise del negocio— pasan a ser condiciones necesarias para impulsar la competitividad.
En conjunto, estos elementos delinean una agenda de transformación hacia una fábrica 2030 inteligente, conectada y adaptativa, capaz de integrar datos, automatizar decisiones y mejorar procesos de forma continua. La IA no debe abordarse únicamente como una herramienta para mejorar márgenes en el corto plazo, sino como un habilitador estratégico de competitividad y crecimiento. La combinación de capacidades humanas y digitales permite elevar productividad, calidad y flexibilidad operativa de forma sostenida. Genera espacio financiero para reinvertir en mejora y desarrollo. En un contexto de presión competitiva creciente y cambios tecnológicos acelerados, avanzar en esta agenda no es una opción, sino un requerimiento necesario para crecer”.
Fuentes: UIA, Accenture y CCIRR
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