“Casa de Pájaros”: el teatro rafaelino que vuela alto
El teatro independiente de Rafaela sigue latiendo con fuerza. Este fin de semana, el Centro Cultural La Máscara vuelve a abrir sus puertas para recibir las últimas funciones de Casa de Pájaros, una obra nacida del laboratorio del Festival de Teatro de Rafaela, bajo la dirección del reconocido Toto Castiñeiras.

El elenco —integrado por 18 artistas locales— retoma esta propuesta física, intensa y poética que combina movimiento, energía y simbolismo. “Fue una experiencia muy intensa. Desde el primer día Toto nos hizo correr, saltar, transpirar. Todo el trabajo parte del cuerpo, del cansancio, del extremo. Desde ahí nace la interpretación”, contaron César y Josefina, integrantes del grupo.
La puesta escénica es una verdadera maquinaria en movimiento. En el pequeño escenario de La Máscara, los cuerpos se cruzan, se empujan, vuelan. Todo sucede con una potencia que, lejos de agotarse, crea una atmósfera hipnótica que atrapa al público. “Cuando el actor logra bloquear el cansancio, aparece la verdad del cuerpo. Ahí está la magia”, reflexionan los intérpretes.
Casa de Pájaros no cuenta una historia lineal. Es una experiencia sensorial, una sucesión de imágenes y emociones que el espectador completa con su propia mirada. “No hay un cuentito cerrado. Cada persona termina de armar su historia. Es una obra que se entiende más cada vez que se ve”, explican.
El trabajo de Castiñeras, uno de los referentes del teatro físico argentino, dejó una huella profunda en el grupo. “Toto nos dio las herramientas y la confianza. Nos dijo: ‘La obra ya es de ustedes, háganla crecer’. Y eso hicimos”, señala César, destacando la autogestión y el compromiso colectivo que caracterizan al elenco.
El proceso fue largo y compartido. Desde su estreno en el festival, el grupo nunca dejó de ensayar. “No queríamos que la obra quedara dormida. Nos reuníamos aunque fuéramos pocos, en distintas salas y vecinales. Lo importante era mantenerla viva”, cuenta Josefina.
La pieza, que combina teatro, danza y elementos visuales, también dialoga con lo local. Su nombre surgió, curiosamente, de los sonidos nocturnos de Rafaela. “Toto se hospedaba en el microcentro y una noche nos dijo: ‘Qué loco el ruido de pájaros en esta ciudad’. De ahí nació el concepto de esta casa que es nuestra, con S y con Z, con sus luces y sombras”, relatan.
Más allá de la escena, Casa de Pájaros representa un ejemplo del espíritu que define al teatro independiente rafaelino: colaboración, pasión y compromiso con el arte local. “Siempre decimos que en Rafaela hay mucho talento. Solo hay que animarse a salir, a ver, a apoyar. Cuando decimos que no hay nada para hacer, es porque no miramos lo suficiente”, subrayan.
Las funciones finales serán este viernes a las 21:30 y el domingo a las 20:00, en La Máscara (Bv. Lehmann 228). Las entradas tienen un valor de $12.000, con descuentos para estudiantes y jubilados, y pueden reservarse al 503222 o comprarse directamente en puerta.
“Casa de Pájaros es una obra que te deja pensando, que te confunde, que te hace hablar después. Nadie se va igual”, aseguran los protagonistas. Y es que el teatro, cuando se hace con el cuerpo, con entrega y con alma, deja siempre algo que sigue volando.



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