Argentina 2025: cuando trabajar ya no salva de la pobreza

Un alarmante estudio deja en claro lo que se siente en la calle: hasta trabajando en blanco se es pobre

En un país con necesidad de reactivación, un reciente informe del Instituto Gino Germani de la UBA instaló un dato que pone en jaque el relato oficial: el 72 % de los trabajadores argentinos —formales e informales— cobra menos de un millón de pesos al mes, un ingreso que no basta para cubrir ni siquiera una canasta básica familiar promedio. Con esa cifra, siete de cada diez asalariados no alcanzan a llegar a fin de mes.

La vulnerabilidad no es exclusiva de la economía informal: en el empleo registrado, el 58 % de los asalariados forma parte de ese segmento —y uno de cada cinco con jornada completa se encuentra en situación de pobreza—. Un derrotero que contradice la idea de que “tener empleo es sinónimo de salir adelante”.

Entre los factores que agravan la crisis están la inflación descontrolada, el aumento abrupto de las tarifas de servicios, la suba de alimentos y el desmantelamiento de subsidios, que elevaron los costos fijos del hogar: los servicios básicos pasaron de consumir 4 % de un salario mediano en 2023 al 11 % en 2025. Muchos hogares debieron recurrir al pluriempleo —un 12 % de los ocupados tiene más de un trabajo— con el fin de lograr ingresos mínimamente dignos.

El colapso del ingreso laboral real erosiona la antigua estructura de la clase media: lo que alguna vez perteneció a sectores trabajadoras consolidados ahora fluctúa en el umbral de la pobreza. Incluso quienes cotizan y trabajan “en blanco” viven al día, en un contexto de alta precarización y baja previsibilidad.

Mientras tanto, datos oficiales sobre pobreza general muestran una disminución reciente: el 31,6 % de las personas se encuentran bajo la línea de pobreza en aglomerados urbanos. Aunque esta caída podría indicar una leve recuperación económica, la radiografía laboral muestra una desigualdad persistente: muchos entran al mercado laboral, pero con sueldos que no alcanzan.

La paradoja define una nueva normalidad: que tener empleo deje de ser garantía para cubrir lo básico. Si no se reponen los ingresos reales y no se adoptan políticas de contención, el fenómeno del “trabajador pobre” está llamado a crecer —y con él, la erosión de lo que quedaba de la clase media argentina.

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